
Pintar la fachada de tu casa
El metro de abajo se lleva la salpicadura de cada lluvia. Por eso el zócalo falla antes que el resto y pide tratamiento propio.
Pintar la fachada
Beriáin queda algo más al sur y más despejado que el resto de la comarca, con casas sueltas y parcelas abiertas. Aquí las fachadas trabajan más, y el zócalo suele ser lo primero que avisa.
Terreno abierto y salpicadura constante sobre la parte baja: aquí el zócalo va antes que ninguna otra cosa.

El metro de abajo se lleva la salpicadura de cada lluvia. Por eso el zócalo falla antes que el resto y pide tratamiento propio.
Pintar la fachada
Trabajamos por fases: una planta, se limpia y se devuelve a uso antes de empezar la siguiente. Nadie tiene que irse de casa.
Pintar por dentro tu casa
Barandillas y escaleras metálicas comparten visita pero no producto: cepillado del óxido, imprimación antioxidante y esmalte.
Porches, vallas y contraventanas
Sobre barniz viejo no agarra nada si no se mata el brillo del todo, molduras y cantos incluidos. Ahí se decide que dure.
Lacar puertas y armarios
Si os molesta el color, se pinta encima. Si os molesta la textura, hay que alisar: la pintura copia el relieve y a veces lo marca más.
Alisar paredes con gotelé
Un aseo de cortesía pequeño admite un papel atrevido que en un salón sería demasiado. Es la estancia para arriesgar.
Poner papel en un dormitorioEn terreno abierto la lluvia no cae solo desde arriba: rebota en el suelo y golpea el metro inferior de la pared una y otra vez. Por eso en casas de esta zona el zócalo es casi siempre la parte que primero se degrada, con la pintura saltada y el mortero disgregado, mientras el resto de la fachada aguanta razonablemente bien. Es un patrón tan constante que lo revisamos antes que nada al llegar.
Tratar eso bien tiene poco misterio y mucha diferencia: hay que sanear el mortero afectado hasta llegar a material firme, reconstruir con un mortero adecuado y aplicar un producto que corte la humedad antes de pintar. Lo que no funciona es dar dos manos encima y confiar. Cuando se hace bien, el zócalo deja de ser un problema recurrente; cuando se tapa, vuelve cada dos inviernos y acaba costando más que haberlo resuelto la primera vez.
Población: ~4.000 hab.
Distancia desde Pamplona: 10 km
Para cualquier trabajo en un chalet de Beriáin vamos a ver la casa, golpeamos la fachada para saber cómo está el mortero y de ahí sale un presupuesto que se sostiene.
Por la salpicadura. Cuando llueve sobre un suelo duro o sobre grava, el agua rebota y golpea repetidamente el metro inferior de la fachada, mucho más de lo que recibe el resto. A eso se le suma, en algunas casas, humedad que asciende desde el terreno. El resultado es que el zócalo se lleva una carga de agua desproporcionada, y por eso necesita un tratamiento propio y no el mismo que la fachada.
Se puede, y a veces es lo sensato si el resto está bien. Ten en cuenta que si el zócalo va en otro tono o con otro acabado (algo bastante habitual y además práctico), el resultado queda intencionado y no parece un parche. Si va del mismo color que la fachada, sí se notará la diferencia de envejecimiento en la línea de unión.
No. Beriáin está a poco más de diez minutos y trabajamos en toda la Cuenca sin diferencia de precio por desplazamiento. Lo que sí hacemos es agrupar el material y el montaje para no tener que ir y volver por cosas sueltas, que es lo que de verdad haría perder tiempo.
Algo menos, sobre todo en las caras expuestas, y por eso no damos un plazo cerrado. En una casa protegida dentro del casco puede aguantar como en cualquier sitio; en una parcela abierta, la orientación que recibe el viento y la lluvia puede pedir atención bastantes años antes que las otras tres. Es más útil revisar el zócalo y esa cara concreta cada pocos años que fiarse de un número.
Dinos cómo está el metro de abajo de la pared, el del zócalo: aquí es lo primero que falla y lo que conviene mirar antes de nada.